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Microhistòries de les Terres de l'Ebre

 

 

 

Lady Elizabeth Holland al Perelló

 

Lady HollandLady Holland

 

El 7 de novembre de 1802 lady Elizabeth Vassall, més coneguda com Lady Holland i el seu marit el polític Whig anglès Henry Vassall-Fox, Lord Holland  entraven a Espanya per passar l’hivern fora del seu país tot buscant un clima més favorable per a la salut del su fill gran Charles. Els acompanyaven a més dels seus dos fills, el reverent Matthew Marsh, el doctor Mr. Allen i Frederic Howard el fill de 16 anys de Lord Carlisle.

El grup arriba el 20 de desembre a l’hostal de l’Hospitalet de l’Infant, amb una escolta de tres guàrdies. Lady Holland descriu l’hostal: a wretched venta formed within the ruined walls of an old fortress – Una miserable venta dins els murs en ruïnes d’una antiga fortalesa-. Sembla que l’estança es trobava plena, però només els visitants anglesos disposaven de llit a les habitacions, el personal de la diligència dormia a la palla amb les mules. Nomena un comerciant que portava molts diners i una escolta de tres guàrdies, els quals van acordar afegir a la seva escolta.  Allí per escapar del fum que entrava a les habitacions des de la llar de foc s’apropà a la platja, la nit era fresca i fosca, on hi havia un pescador que mirava de pescar algun peix sense sort.

El dia següent van sortir amb la diligència i la forta escolta dels sis guàrdies cap a la posada del Perelló, a sis hores de marxa, lloc on havia fet nit la família reial, i el seu seguici, que tornava de Barcelona a Madrid, i on tenien expectatives d’estar ben acomodats per aquest motiu.

En arribar, Elissabeth Vassall en va quedar decebuda i en el seu diari així ho deixa escrit:

But we found unfortunately that his visit had, if possible, made the place worse, as they had built a suite of rooms which smelt strongly of plaster, and the little furniture there had been was removed to place his in the rooms ; and as the Spaniards proceed poco á Poco, that which had previously been there was not restored. Thus we had some dreary rooms, with only five chairs in all, three beds, and a table. I never was in a more dismal, cold place.

Desafortunadament troba que la visita del Rei havia empitjorat el lloc, si això era possible, havien construït una sèrie d’habitacions que feien olor a guix, havien tret els mobles i com els espanyols procedeixen en tot poc a poc, no els havien tornat a col·locar al seu lloc. Així, teníem algunes tristes habitacions, amb només cinc cadires en total, tres llits i una taula. Mai no vaig estar en un lloc més trist i fred.

 Font:

Elizabet Holland, The Spanish Journal of Elizabeth Lady Holland. Longmans,Green and Co. 1910

 

 

La navegació de l'Ebre a vapor

 

Un fet notable va tenir lloc a les darreries del mes de Març de 1857, el vapor Cinca, de la Reial Companyia de Canalització de l'Ebre, va navegar pel riu fins a Mequinensa, enmig de l'entusiasme de les poblacions de la ribera. Sobreposant-se a totes les dificultats, entre elles les riuades, l'empresa gràcies a l'audàcia i la valentia del director de les obres,

L'enginyer francès Jules Carvallo, va poder inaugurar aquell mateix any la navegació regular a vapor per l'Ebre i assegurar la navegació de Mequinensa al mar.

De fet les obres encara no estaven acabades, mentre la resclosa de Xerta ja estava en servei, la de Flix encara no tenia les comportes, la qual cosa va obligar al vapor per arribar a Mequinensa a remuntar el riu creuant l'assut de Flix. 

 

Proclamació de la constitució de 1812 a Tortosa

 

Castell de la SudaCastell de la Suda

 

He leído el suplemento al diario constitucional del miércoles 4 de mayo del presente año, en que el Coronel Perena expone los méritos que contrajo en beneficio de la Patria la noche del 8 y día 9 de marzo para restablecer la Constitución política de la monarquía española en la plaza de Tarragona. No es mi ánimo aumentar ni disminuir el mérito y gloria que pueda haber cabido a este patriota en tan laudable empresa, y menos hacer una crítica de sus operaciones; pero si deseoso de que algunos de los hechos que refiere se patenticen al público tales como fueron, me he animado a hacer al­gunas advertencias sobre lo ocurrido en la plaza de Tortosa.

 Cuando Perena trata de este punto dice: Disponiendo en el mismo momento la salida para la plaza de Tortosa del Teniente graduado y Subteniente D. Antonio Almela. A fin de que combinase mis instrucciones al efecto memorable de Jurar la sagrada carta constitucional con los oficiales de la primera compañía de cazadores de este cuerpo que la guarnecía, todo lo que se verificó, por el decidido entusiasmo del comisionado y guarnición el día once a las dos de la tarde. ¿No es bien extraño que cuando trata de hacerse, un mérito particular, y de nombrar los que le siguieron en sus laudables intentos, haya pasado en silencio la activa parte que en aquel glorioso acto tuvieron los individuos del destacamento de Artillería Nacional?

 Todos ellos se prestaron con decidido   entusiasmo a sostener la publicación del sagrado código; se unieron voluntarios a la corta guarnición de aquella plaza, habiendo prevenido de antemano dos piezas de Artillería con las municiones y pertrechos necesarios, y colocados con ellos en la plaza donde se publicó, se impusieron a los revoltosos, y estaban determinados a morir antes de abandonar tan glorioso proyecto.

 El Comandante de Artillería brigadier D. Ángel Salcedo, sin embargo, de hallarse enfermo se presentó en la plaza a la hora de la publicación para contribuir a aquel acto. Tampoco hace el debido mérito al capitán D. Santiago Alberniz, teniente de la compañía de cazadores que la guarnecía; quien acreditó su decidido celo por la justa causa: al Teniente Coronel, Capitán de la misma D. Celedonio Escolar; al oficial segundo del ministerio de Artillería D.Ilario lópez Osorio que con indecible actividad trabajó para aprestar municiones y demás efectos, al teniente retira­do de Artillería D. Francisco Mora y Paúl que en ello tomó un interés digno de la mayor recomendación: al mismo comisionado Almela, que su esmero merece  algo más de  nombrarle  como por casualidad: a D. Miguel Ripoll escribano en cuya casa se labró la lápida de la Constitución . a D. Joaquín Piñol que después de haber demostrado el más vivo interés por la misma distribuyó de su bolsillo dos pesetas a cada Sargento , una y media a los cabos, y una a los soldados, al Subteniente de la compañía fija de Tarragona D. Juan Cuesta, a D. Miguel Córdova abogado, D. Juan Ribes, D. Francisco Mercé; D. N. Perera y D. Antonio Ramos escribano de Marina, dignos todos de eterno reconocimiento por su constante adhesión a la carta constitucional,   y por que con solo el apoyo de unos cincuenta hombres de todas armas se declararon abiertamente adictos a ella dispuestos a sacrificarlo todo por hacerla renacer.

 La clase de Sargentos de aquella guarnición, el del destacamento de Artillería, el del regimiento  de Pavía José Molina que se incorporó voluntario con dos soldados y un cabo que se hallaban de partida en dicha plaza, y los demás cabos y tropa presentes en ella son dignos del mayor elogio por su decisión absoluta al establecimiento de nuestra sabia Constitución y por el ardor que demostraron en arrostrar cuantos peligros se ofreciesen para conseguirlo, y en particular el sargento segundo de Artillería Antonio Bros, que hallándose  convaleciente de una grave enfermedad fué de los que más cooperaron a aquel efecto, mereciendo toda la confianza de los buenos Patriotas.

 Todo este por menor debe constarle al referido Perena supuesto estaba, como dice, en comunicación con el Teniente Almela de quien recibiría partes de lo ocurrido, y si no los tuvo, es bien claro que no fueron necesarias sus instrucciones en Tortosa para la publicación de nuestro sabio Código.

 Dice en otra parte de su escrito: "que varios oficiales del Cuerpo de Tarragona corrían A ponerse al frente, de sus compañías para coadyuvar la empresa de      Tortosa y jurar el sagrado Código en todos los pueblos del corregimiento."

 Si bien es cierto que estos dignos oficiales se pusieron al frente de sus compañías para contribuir a tan laudable fin, también lo es que en nada contribuyeron por haber llegado un día después de jurada la Constitución y solos, y habiéndose dejado sus compañías en Amposta.

 Doy al público este escrito a fin de que los sujetos que he referido no queden olvidados, y reciban de, sus compatricios el justo aprecio que merecen.

 

Miguel Socies.

 

En la imprenta Constitucional de Juan Dorca, año 1820.